
Han sido unos meses alejado de los terrenos de juegos. Meses que han pasado rápido, semanas que trascurrieron una tras otra, días en los que han cambiado muchas cosas, para que todo sigue igual.
La verdad es que todo parece indicar que atravesamos una profunda crisis. Cómo suele suceder en estos casos la histeria colectiva y el efecto bola de nieve contribuyen a que la situación se agrave más. Sin embargo hace tiempo que atravesamos otras crisis que a nadie pareces importarles. Hoy me detendré en la que más nos afecta a muchos de nosotros, la conocida como crisis de los 30. Partamos de la base de que algunos afrontamos dos crisis juntas; la financiera y la del peso de los años. Maticemos la frase de que el dinero no da la felicidad. Quizás no la de, pero ayuda a aumentar los niveles de felicidad. Saco a colación el tema del dinero porque a veces me hace gracia cuando algún sociólogo espabilado analiza a la población joven de nuestro país diciendo que antes la gente se iba antes de casa, que cada uno se buscaba la vida por su cuenta, etc. Los tiempos han cambiado y mucha gente no se ha enterado. No me refiero únicamente al tema de la emancipación y al tema económico. La sociedad en si ha cambiado. Los valores que presidían nuestra sociedad hace una década están completamente caducados. No me detendré en exceso en el tema de las etapas socialmente aceptadas y en lo que supone saltarse alguna de ellas, o lo que es peor salir de la senda marcada y convertirte en un bicho raro. Las etapas socialmente aceptadas todos las conocemos aunque muchos nos os hayáis parado a analizarlas. La primera de ellas es la escuela, la segunda es la universidad, la tercera la búsqueda de trabajo y la consolidación como profesional, la cuarta la vida de pareja, la quinta la adquisición de una vivienda y la sexta la formalización de esa relación en forma de hijos o matrimonio. Fijaros por ejemplo en como vuestra madres presumían de vosotros cuando acabasteis la carrera. O como la gente de da la enhorabuena cuando consigues un trabajo. Coño, yo preferiría que me diesen la enhorabuena por vivir como un cura, por no pegar ni golpe y ser feliz. "Enhorabuena ya me han dicho que tienes trabajo, que cobras una mierda y que sales todas las noches a las tantas de trabajar". Pensad también en la distinción que se hace entre los solteros y los emparejados en las bodas por ejemplo. Si eres un amigo soltero tranquilo que la novia te presentará a una amiga soltera que le acaba de dejar el novio y bla, bla bla....
Al final todos caminamos inexorablemente por esta escalera de peldaños marcados y señalados. Se trata de quemar etapas sin más.
Volvamos a la crisis de los 30, que particularmente no creo que se deba a la edad por la que atravesamos sino por el momento mental en el que nos encontramos. Desde aquí me gustaría desterrar el tópico de lo que algunos malinterpretan como la crisis de los 30. La crisis de los 30 no es echar barriga, dejar de hacer deporte, cambiar las salidas nocturnas por partidas de poker en casa del amigo de turno. Eso al igual que la crisis de los 30 no es un problema de la edad, es un problema que está en la mente. Yo particularmente me encuentro mejor físicamente que cuando tenía 20 años, me apetece descubrir cosas nuevas cada día, ocupar mi mente, entretener mi cuerpo ser cada día mejor que el anterior.
Para mi esta es una etapa en la que empiezas a hacerte preguntas, a analizar los pasos dados hasta el momento, aquella en la que te das cuenta que en muchos sentidos tu nos has sido quien manejara el rumbo de tu vida, sino más bien todo lo contrario. Una etapa de crisis afectiva, de desconfianza en el ser humando, una etapa más individualista. Una etapa en la que la monotonía y la rutina se han convertido en compañeras de viaje y parece difícil que dejen de serlo algún día. Una etapa en la que las nuevas ideas y los deseos de cambio radical se enfrentan con la parte más racional de tu cerebro. Aquella que busca la seguridad de un trabajo estable, de unos ingresos seguros y de una vida monótona a fin de cuentas. Aquella que te dice que tienes que valorar lo que tienes, que la vida es así, que este negocio funciona de esta manera.
¿Alguna vez te has preguntado si eres feliz? ¿Se puede medir la felicidad? Es evidente que es complicado definir lo qué es la felicidad y mucho más medirla. El ejercicio que propongo es simplemente imaginar si vuestra vida podría mejorar en un sentido u en otro. Reflexiones como las que yo os planteo indican que yo particularmente no me conformo con lo que tengo sin que ellos quiera decir que tengo poco.
Me resisto a ser un asalariado toda mi vida, a gastar mis energías con problemas mundanos, a seguir los peldaños marcados por otros, a conformarme con lo que tengo, a una vida rutinaria y aburrida, a no conocer mundo, a no marcar mi propio camino, a no volver a creer en el amor, a no intentar cambiar el mundo. Me resisto a no hacer realidad mis sueños.
Hoy más que nunca necesito encontrarme a mi mismo.